Primer encuentro: Paca en un remolino de rubias Nunca podré olvidar el día en que la vi por primera vez. Es lógico: por ella estoy haciendo esto. Y el tiempo dirá si
esto, lo que el generoso lector se da el trabajo de recorrer con sus ojos chisporroteantes en este momento en vez de dedicar su tiempo a alguna actividad más productiva, es una locura o un fraude total. Aunque hay que ser francos, mis ocasionales cibernautas: ¿Qué carajo de productivo podrían estar haciendo ustedes? En fin. Aún no sé si agradecer o maldecir su llegada a mi vida –me refiero a ella, no a ustedes–, mi vida hasta entonces impoluta y entregada a los cánones literarios demarcados por la obra genial de unos cuantos grandes hombres que definieron la Historia, con H mayúscula, de la humanidad, que se escribe con minúscula, al tiempo que empezaba una promisoria carrera de ingeniería destinada a heredar el boyante negocio de mi viejo, mejor conocido en el sur chico el Rey de la Páprika. Pero no nos vayamos por las ramas. Estaba intentando describir la primera vez que la vi. Y lo recuerdo como si fuera ayer, valga el lugar común. Yo deambulaba por el pabellón C con mi horario de cachimbo en la mano, buscando el salón que me correspondía junto con mi querido amigo Maicolyacson Urrutia, el cual dos ciclos después se cambió a la Harvartín (habla, traidor), cuando me topé con ella. Estaba con una mancha de chicas rubias naturales unas, al pomo otras, pero sobresalía claramente por una actitud que hasta hoy no puedo definir del todo bien, una actitud que probablemente se podría resumir en su mirada, que casi al instante se dirigió directamente a mí y me traspasó como si siempre me hubiera conocido y supiera todos mis secretos. Muchas veces después, con el pasar de los ciclos y los años, hemos hablado de ese momento, pero ella parece no recordarlo con precisión. Yo sí. Aparte de esa contemplación fulminante, tenía algo más terrenal que la hacía única: un polo fucsia con una ilustración del amauta José Carlos Mariátegui saltando milagrosamente de su silla de ruedas y venciendo toda barrera físico-cronológica para meterle una patada en el culo a Alan García. Su zapato derecho se elevaba con furia hasta enclavarse en las partes blandas de nuestro Presidente, mientras éste hacía un rictus de éxtasis similar al que todos los peruanos hemos apreciado a plenitud en campaña, en aquel inclasificable aunque efectivo recurso electoral conocido como
El Baile de la Tetera. Torcía la boca igualito. Y así fue como Paca se ganó mi simpatía. Sin haberme dicho nada, pero siempre mirándome fijamente. Luego supe que el polo se lo había mandado a hacer exclusivamente en El Gato Volador y había costado un huevo de plata.
A medida que iban avanzando los días y los cursos de aquel primer ciclo, la veía sentarse una o dos carpetas más cerca de la mía. Maicolyacson, que para ese entonces ya se había dado cuenta de que era más conveniente adaptar su nombre a las circunstancias y se hacía llamar Miki, le hizo el habla primero. Se acomodó en pose bacán y le dijo:
–Qué pulenta tu polo…
–¿“Pulenta”? ¡Horror!
Así se estropeó para siempre toda chance de afecto entre ellos.
Mi amistad con Paca empezó oficialmente cuando ella, “Miki” y yo nos juntamos para hacer un trabajo grupal que iba a durar todo el ciclo. Ella eligió el tema: “Antecedentes Histórico-Sociales del Operativo Empleada Audaz”. Citó a Mariátegui y sus
7 Ensayos de la Realidad Peruana en la introducción y en la portada puso una imagen escaneada del polo fucsia. El trabajo incluyó un focus group a las 8 empleadas de su casa, el cual acabó en borrachera y altas dosis de sanpedro, cortesía de la entrevistada más joven. La resaca del día siguiente y la costumbre, desde entonces instaurada, de darnos una vueltita diaria por las chinganas de la esquina melló en la redacción final del trabajo, pero a costa de esfuerzo y el siempre bienvenido humito blanco pudimos sacar un sólido 12, que fue también la nota más alta de Miki (pensándolo bien, de repente por eso se cambió). Y nada, ha pasado el tiempo y ahora que somos más tecnológicos y ciberpunks, a Paca se le ocurrió hacer este blog. Su discurso de presentación y explicación del concepto, bien sazonado por la tercera jarra de chela del Wayo´s Moon, fue algo así: “Este blog será para todos aquellos que van al Juanito a mitad de semana, para los confundidos, para los tristes, para los casi felices, para los que usan las computadoras de la universidad para huevear mientras hay un montón de gente esperando, para la gente pituca que le gusta andar por Surquillo, para los hinchas del Boys, para los que no leen Busco Novia, para las mentes peligrosas, para Rafo León, para Tongo, para los talentosos pero holgazanes, para los holgazanes pero talentosos, para el Angelito del 11, para mí y para ti, Alcuadrado. ¡Que viva la República Popular China!”.
No suscribo pero simpatizo.
Unge