jueves, 1 de mayo de 2008

La páprika y el peor tenista del mundo


Sospecho que mi viejo tiene serias dudas sobre mi idoneidad para ser su sucesor como el Rey de la Páprika. Paca dice que es mi paranoia. La psicóloga de la universidad también. ¡Pero yo creo que Paca y la psicóloga están conspirando! ¡Machos que se respetan, desconfíen de las mujeres! En fin, últimamente a mi viejo le ha dado por convertir los desayunos familiares en discursos inspiradores sobre la gente emprendedora que la hizo. Igual que él, que de ser un estafador que vendía a 200 cocos la Estatua de la Libertad a los cubanos recién llegados a NY a fines de los sesenta (usaba lonpa acampanado y fue a Woodstock), volvió al Perú e inició una fulgurante carrera como empresario de la ya mencionada páprika. “Un día llegará un presidente que nos haga justicia y levante la economía agroexportadora, ¡carajo!”, decía, todo visionario él, en los ochenta, y mi mamá cubana, que hasta ahora es igualita a Gloria Estefan en la época de la Miami Sound Machine y fue la única que le hizo el pare en público a mi viejo en NY cuando éste quiso estafarla –razón por la cuál él decidió en ese preciso instante que sólo una mujer como ella podía ser su esposa–, siempre le decía sí sí sí, claro, claro, amorcito. Pues de a pocos la hizo el tío.


El punto era que ahora mi viejo recorta los artículos de emprendedores que salen en los periódicos y me deja de tarea leerlos. Todos son una cagada. Pero el último que me enseñó si me gusta. Este es el titular: EL PEOR TENISTA DEL MUNDO GANÓ SU PRIMER PARTIDO. Leo: “Robert Dee, tenista británico que se ubica en el puesto 1466 de la clasificación mundial, inició su pesadilla hace tres años en México y desde 2005 había viajado alrededor del mundo para conseguir su primera victoria”. El pata tiene el récord mundial como el tenista que ha perdido más partidos en toda la historia de la humanidad: 108 sets seguidos desde que empezó su carrera. Yo digo: esa es una buena forma de dejar huella. Ser tan malo en algo que nadie te podrá superar en muchos, muchísimos años, de pronto cierra el círculo y te convierte en un top de los tops: el malazo top. El mejor de los malos. El ser humano más cagado que ha pasado por el planeta Tierra. Mi viejo se puso contento cuando le dije que de ahora en adelante trataré de ser como Robert Dee.

Unge
(Foto: Corbis)

miércoles, 23 de abril de 2008

Oh, Susan


La de Kafka y la niña triste ya es una historia conocida, pero aquí va un resumen: El buen Franz caminaba por las frías calles de Praga sobrellevando la vida a la manera de siempre, o sea con las justas, cuando se cruzó con una niña que lloraba inconsolable. Kafka, haciendo una excepción a su costumbre de no hablar con extraños, se inclinó hacia ella y le preguntó qué le pasaba. “He perdido mi muñeca”, le dijo la niña. Al instante Kafka respondió lo más risueño que pudo, espantando el aire con una mano de forma despreocupada: “Pero si tu muñeca no se ha perdido, se ha ido de viaje”. “¿De verdad?”, preguntó ella, abriendo los ojos. “¡Pos claro!”, le respondió el escritor. La niña al toque pensó guarda ahí, y bien sabida repreguntó: “¿Y cómo lo sabes?”. “Porque me ha escrito una carta”, dijo el escritor, que evidentemente era más sabido que ella. “Dice que está muy bien, que ya se sentía grande y necesitaba un cambio en su vida y por eso se fue, pero te manda muchos saludos y siempre piensa en ti”. Lógicamente, la niña le pidió ver la carta. Franz Kafka argumentó que en ese momento no la tenía consigo –porque un documento tan importante no se puede estar llevando en el bolsillo de aquí para allá–, pero le prometió que si lo esperaba en ese mismo lugar al día siguiente, le mostraría la carta. Así quedaron. Entonces Kafka caminó a paso ligero hacia su casa, abrió la puerta, subió a su estudio y con las mismas se puso a escribir, reescribir, corregir, editar, con el mismo fervor y concentración que dedicaba a sus cuentos. Cuando al día siguiente le mostró la carta a la niña, por fin vio en su rostro una sonrisota de verdad. Ella le pidió que por favor le llevara más cartas si las hubiera, y Kafka le dio su promesa de que así sería. Durante semanas continuó poniéndola al día con la ficticia correspondencia, que para ella era tan real, hasta que finalizó la serie de misivas con una despedida definitiva, en la que la muñeca le contaba a su querida dueña que se había casado. Eso dejó a todos contentos, a la niña, a Kafka y a la muñeca. Me quedó largo el resumen.

La historia la contó primero Paul Auster y nunca ha podido ser corroborada biográficamente.
Pero ahora hagamos un ejercicio simple de pensamiento lógico, incluyendo aquel lugar común femenino que reza que todos los hombres son (somos) iguales. No, chicas: todos los patanes son iguales. Hombres como el noble de Kafka, que sólo tuvo un gran amor en su vida, hay también en estos días. Igual que hay tipos como Alberto Venero, oscuro por donde se le mire, pero aún así atractivo para la no sé qué tan ingenua Susan León. Él (o su entorno igual de maleado), que acaban de literalmente desnudarla frente a todos los peruanos. Y encima la muestran bailando monse.

Unge



Fotos:  Revista Caretas.

martes, 22 de abril de 2008

Querida Joana,


Por qué te pones a la defensiva. Si tú eres tan alegre y divertida. ¿Te acuerdas cuando bailábamos como unas locas en la madrugada por las calles? ¡¿Te acuerdas?!
Pucha, qué bien la pasábamos, superdivetimostrooooo!
Ahora, en cambio, tu belleza es el centro de atención y no tu espíritu. Recuerda cuando gritabas: ¡Quiero ser la mejor enfermera, seguir con mis proyectos y más adelante lo que venga!
Déjame decirte que estuviste re antipática y aburrida con Bayly. Flaca, todo el mundo te apoya. TODOS y TODAS, incluso aunque digas que le han puesto tu cabeza a otro cuerpo y esa que se calatea no eres tú. Lo que te hizo ese maldito chiclayano, ex novio tuyo es una bajeza,
N O T I E N E N O M B R E. Y tú sabes lo que opina “Frida” de esa clase de hombres. “Joana: ese chico no te merece” (repítelo cinco veces todas las noches). Y además, qué te preocupas, una vez que salga el análisis anatómico del video todo quedará claro, clarísimo y ese maldito pagará cada una de sus fechorías cibernéticas.
Joa, quiero verte sonreírle a la vida como antes. Sólo así podrás enfrentar lo que venga.

xoxo

Paca

lunes, 21 de abril de 2008

Estaban Todos Menos Jim



visiones pscicotrópicas en busca de jim...
"we miss ya man!"

de nada,
Paca

¡Paca homeless!

Todo fue mi idea. Pero por su culpa existió –sólo él me podía
dar cuerda–. Después de una humareda blanca y cinco jarras de cerveza vino la calma. “Listo Alcuadrado, deja las potencias y ponte a escribir, pero nada de pavadas”. Unge respondió que está bien pero no le creo. Post a post se darán cuenta y tendré la razón, como siempre.
Mi nombre es María Francisca Pilar de los Milagros Bolsvagen Bolfunsen de los Ceros. Más conocida como Paca. Vivo en San Isidro, fui a un colegio de monjas y estas son las consecuencias: desahogarme a través de un blog.
El otro día me sentí bruta, bruta, bruta. Pobre de mí. Estaba en mi carro, escuchando Girls just wanna have fun cuando de repente me acordé que mi tío trabajaba en Banco de Materiales. Justo cuando todo estaba arreglado para sacar mi depa, Cuarto Poder tenía que abrir la boca. Eso me deja una lección y moraleja: nunca dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Me sigo arrepintiendo. Y claro, ahora Alan con sus actos de próximo Latin American Idol, los despidió. Ya fue el depa.
Paca







Confesión Sincera: Yo soy Unge

Primer encuentro: Paca en un remolino de rubias

Nunca podré olvidar el día en que la vi por primera vez. Es lógico: por ella estoy haciendo esto. Y el tiempo dirá si esto, lo que el generoso lector se da el trabajo de recorrer con sus ojos chisporroteantes en este momento en vez de dedicar su tiempo a alguna actividad más productiva, es una locura o un fraude total. Aunque hay que ser francos, mis ocasionales cibernautas: ¿Qué carajo de productivo podrían estar haciendo ustedes? En fin. Aún no sé si agradecer o maldecir su llegada a mi vida –me refiero a ella, no a ustedes–, mi vida hasta entonces impoluta y entregada a los cánones literarios demarcados por la obra genial de unos cuantos grandes hombres que definieron la Historia, con H mayúscula, de la humanidad, que se escribe con minúscula, al tiempo que empezaba una promisoria carrera de ingeniería destinada a heredar el boyante negocio de mi viejo, mejor conocido en el sur chico el Rey de la Páprika. Pero no nos vayamos por las ramas. Estaba intentando describir la primera vez que la vi. Y lo recuerdo como si fuera ayer, valga el lugar común. Yo deambulaba por el pabellón C con mi horario de cachimbo en la mano, buscando el salón que me correspondía junto con mi querido amigo Maicolyacson Urrutia, el cual dos ciclos después se cambió a la Harvartín (habla, traidor), cuando me topé con ella. Estaba con una mancha de chicas rubias naturales unas, al pomo otras, pero sobresalía claramente por una actitud que hasta hoy no puedo definir del todo bien, una actitud que probablemente se podría resumir en su mirada, que casi al instante se dirigió directamente a mí y me traspasó como si siempre me hubiera conocido y supiera todos mis secretos. Muchas veces después, con el pasar de los ciclos y los años, hemos hablado de ese momento, pero ella parece no recordarlo con precisión. Yo sí. Aparte de esa contemplación fulminante, tenía algo más terrenal que la hacía única: un polo fucsia con una ilustración del amauta José Carlos Mariátegui saltando milagrosamente de su silla de ruedas y venciendo toda barrera físico-cronológica para meterle una patada en el culo a Alan García. Su zapato derecho se elevaba con furia hasta enclavarse en las partes blandas de nuestro Presidente, mientras éste hacía un rictus de éxtasis similar al que todos los peruanos hemos apreciado a plenitud en campaña, en aquel inclasificable aunque efectivo recurso electoral conocido como El Baile de la Tetera. Torcía la boca igualito. Y así fue como Paca se ganó mi simpatía. Sin haberme dicho nada, pero siempre mirándome fijamente. Luego supe que el polo se lo había mandado a hacer exclusivamente en El Gato Volador y había costado un huevo de plata.
A medida que iban avanzando los días y los cursos de aquel primer ciclo, la veía sentarse una o dos carpetas más cerca de la mía. Maicolyacson, que para ese entonces ya se había dado cuenta de que era más conveniente adaptar su nombre a las circunstancias y se hacía llamar Miki, le hizo el habla primero. Se acomodó en pose bacán y le dijo:
–Qué pulenta tu polo…
–¿“Pulenta”? ¡Horror!
Así se estropeó para siempre toda chance de afecto entre ellos.
Mi amistad con Paca empezó oficialmente cuando ella, “Miki” y yo nos juntamos para hacer un trabajo grupal que iba a durar todo el ciclo. Ella eligió el tema: “Antecedentes Histórico-Sociales del Operativo Empleada Audaz”. Citó a Mariátegui y sus 7 Ensayos de la Realidad Peruana en la introducción y en la portada puso una imagen escaneada del polo fucsia. El trabajo incluyó un focus group a las 8 empleadas de su casa, el cual acabó en borrachera y altas dosis de sanpedro, cortesía de la entrevistada más joven. La resaca del día siguiente y la costumbre, desde entonces instaurada, de darnos una vueltita diaria por las chinganas de la esquina melló en la redacción final del trabajo, pero a costa de esfuerzo y el siempre bienvenido humito blanco pudimos sacar un sólido 12, que fue también la nota más alta de Miki (pensándolo bien, de repente por eso se cambió). Y nada, ha pasado el tiempo y ahora que somos más tecnológicos y ciberpunks, a Paca se le ocurrió hacer este blog. Su discurso de presentación y explicación del concepto, bien sazonado por la tercera jarra de chela del Wayo´s Moon, fue algo así: “Este blog será para todos aquellos que van al Juanito a mitad de semana, para los confundidos, para los tristes, para los casi felices, para los que usan las computadoras de la universidad para huevear mientras hay un montón de gente esperando, para la gente pituca que le gusta andar por Surquillo, para los hinchas del Boys, para los que no leen Busco Novia, para las mentes peligrosas, para Rafo León, para Tongo, para los talentosos pero holgazanes, para los holgazanes pero talentosos, para el Angelito del 11, para mí y para ti, Alcuadrado. ¡Que viva la República Popular China!”.
No suscribo pero simpatizo.

Unge